Hay gente que sobrevive, pero que ya no vive. Yo detesto el verbo sobrevivir. Me parece un verbo muy feo, porque hasta el final la vida nos mantiene, la vida nos inunda, la vida puede cantar en nosotros si no la amordazamos, si no la maniatamos.
Yo creo que todas las penas que podamos sufrir en la vida, en el fondo producen el efecto de un tóxico, que nos van inmunizando contra ese tóxico si lo tomamos en pequeñas dosis.
Todo el que sobrevive después del sufrimiento, incluso el que está inmerso en el sufrimiento, me parece un poco como un dios. Porque la llama ilumina y quema al mismo tiempo. El brillo y la quemadura son hermanos, se parecen mucho.
Lo que pasa es que no acostumbramos a distinguirlos bien, como no acostumbramos a distinguir bien la muerte de la vida. Yo creo que no se es Dios por haber comido del árbol del bien y del mal, «seréis como dioses». Se es Dios por haberse fundido de verdad con la vida.
Se es Dios porque uno ya al final empieza a transformarse un poco en animal, un poco en vegetal, un poco en piedra fría, juntando todas las vidas. Eso es lo que yo admiro, a eso es a lo que yo aspiro. A eso es a lo que yo aspiro.
- Antonio Gala
El tiempo mece las palabras y alivia la carga del destino. Ojalá encuentres solaz y calma y te dejes reposar sobre tus seres queridos. Por eso te regalo Antonio Gala, porque hay veces que hace falta recordar que se puede descansar tras haber sufrido, tras haber luchado, tras haber ganado.
Poco a poco el camino tumultuoso que es la vida se te irá erosionando, pues se sigue hacia delante bajes o subas, y las vistas son distintas, pero igual de bonitas, desde la montaña y desde el valle.
Eres una persona de la que se aprende y a la que se admira, por tu fuerza, por tu resiliencia, por tu bondad. Porque casi parece imposible que converjan en tu mirada aquella inocencia temerosa de una niña y la fuerza pavorosa con la que luchas, con la que te levantas.
Siempre te levantas, y a veces me da la sensación de que no asimilas lo complicado que es, lo valiente que eres.
Espero que al leer los versos de este libro encuentres en ellos algo de consuelo, y que vuelvas a ellos, o a esta carta, cuando, inevitablemente, toque caer. Y que sientas, al leerlo, estar sentada frente a un atardecer en una llanura de Andalucía.
Yo no creo en el destino, sino en los accidentes, y no sabes cuánto me alegro de haber coincidido, sin querer, contigo. No muy tarde, podrás dejarte caer sobre otras personas, y dejarte descansar y mecer, dejar de luchar, dejar de sufrir, dejarte sentir, dejarte ser.
Felicidades Akeisha por tu cumpleaños, muchas gracias por ser mi amiga.
No te aflijas: la belleza volverá a regocijarte con su gracia;
la celda de la tristeza se convertirá un día
en un jardín cercado lleno de rosas.
No te aflijas, corazón doliente: tu mal, en bien se trocará;
no te detengas en lo que te perturba:
ese espíritu trastornado conocerá de nuevo la paz.
- Hafez
El tiempo mece las palabras y alivia la carga del destino.